El caso William Hill hace temblar al sector del Juego

oct. 09

William Hill, una de los operadores de juego más importantes del Reino Unido y uno de los casinos online más popular en España, anunció el cierre de 700 salones de juego y el despido de hasta 4.500 trabajadores, un 30% del total de la plantilla.

La decisión ha sido tomada después de la entrada en vigor el pasado 1 de abril de la nueva ley restrictiva impulsada por el Gobierno británico que prevé reducir de 100 a 2 libras la apuesta mínima en los terminales de apuestas con cuotas fijas (FOBT, en inglés) tipo B2. Según los expertos estas especies de máquinas tragaperras electrónicas estimulan la adicción al juego al fomentar grandes pérdidas y ganancias en poco tiempo, tesis que no es aplicable a las mejores máquinas tragaperras gratis.

La empresa declaró que desde la entrada en vigor de la ley, han caído significativamente los ingresos de las máquinas de juego presentes en todos sus locales físicos. Por eso, planea enfocarse en EEUU, un mercado más lucrativo y en pleno crecimiento.

El Plan Estratégico 2018-2021 de la UK Gambling Commission

En el Plan Estratégico 2018-2021, la UK Gambling Commission indica que su principal objetivo es conseguir una mayor protección de los consumidores. Además añade que se centrará no solo en controlar el juego con el fin de ayudar a los clientes a gestionar sus apuestas, sino también en los productos mismos, el proveedor, y el lugar o entorno en el que se desarrolla el juego.

Esta última afirmación suena algo anómala si comparamos la industria del juego con otras de la que se derivan adicciones. Por ejemplo, la adicción al alcohol es considerada la más grave de todas, pero no tiene un intervencionismo tan grande en producto.

Según datos
, elaborados por la revista Forbes, los costes para mitigar las adicciones al juego eran más bajos (40 mil millones de dólares) respecto a los relacionados con la adicción al alcohol (166 mil millones de dólares), al tabaco (157 mil millones de dólares) y a la droga (110 mil millones de dólares). Es cierto que los problemas con el juego se reducen en los países regulados a porcentajes ínfimos, como ocurre en España.

También en las apuestas financieras, consideradas como "inversiones", la gente suele dilapidar su patrimonio, pero en este caso las regulaciones, no son comparables a las del sector del juego. Quizás más caras pero no preventivas.

La híper regulación de la industria a nivel de producto y de negocio no es un caso nacional aislado ya que representa una tendencia global de varios gobiernos iniciada ya hace unos años. Es claro que en este sentido, el futuro para el sector no se configura muy halagüeño.

Son muchos los países no solo europeos donde se han creado leyes para restringir las apuestas y la publicidad del juego que han estabilizado el mercado en el cual es difícil entrar y crecer. El balance entre cantidad de impuestos y el coste social o el beneficio electoralista de defender políticas contra el juego, ha sido alcanzado.

Otra consecuencia es que en el mercado quedarán solo pocas empresas, mayoritariamente loterías públicas y semipúblicas, capaces de mantener el equilibrio entre rentabilidad y reputación pública.